En aquel tiempo, cuando Kioto era una ciudad envuelta en brumas y secretos antiguos, existían lugares donde el velo entre el mundo mortal y el reino de los espíritus se hacía tenue. Dicen los que conocen las viejas historias que en los confines de esta capital sagrada se escondían tesoros olvidados, objetos cargados de magia o de una tristeza ineludible. Estos secretos, como los tesoros ocultos del Río Maroni, no se hallaban en cofres dorados, sino en rincones oscuros, en patios silenciosos y en la sombra de templos venerables. Y la búsqueda de estos objetos, decía la leyenda, era un viaje a través del propio alma de la ciudad, un recorrido por muros malditos, santuarios olvidados y pasadizos subterráneos.
El viaje comenzaba en las laderas imponentes, bajo la sombra del majestuoso Templo de Kiyomizu-dera. Desde allí, el aire se hacía pesado y el velo de la realidad se rompía, revelando una arquitectura antigua y un misterio palpable. La leyenda nos arrastra a través de estos lugares, no como curiosos, sino como peregrinos destinados a desvelar lo que había sido ocultado por los tejedores del tiempo y los guardianes del miasma.
El ascenso de Kiyomizu-dera y el Refugio Oni
Cuentan que al acercarse al Templo de Kiyomizu-dera, la búsqueda se hacía obligatoria. El camino ascendía entre jardines y piedras, hasta que en algún punto crucial, la desaparición de uno de los tejedores lo hacía inevitable. Y allí, en ese lugar cargado de pena, se hallaba un objeto que contenía el Dúo Celestial. Si el peregrino lograba activar el segundo símbolo Oni, el templo le revelaba una nota envuelta en misterio, que hablaba de Genma: Hitotsume Sho. Pero la verdadera prueba llegaba con el tercer símbolo Oni, pues al activarlo, otra inscripción aparecía, dicha por Genma: Sasaki Ganryu.
Para avanzar, el viajero debía primero conseguir la habilidad de romper las barreras de miasma, pues solo entonces podía cruzar la Puerta Nio-mon y adentrarse por el patio, subiendo hasta la zona suroeste del edificio norte, donde esperó el cofre y su objeto. En este mismo recinto, en el área conocida como el Refugio Oni, la suerte también jugaba su papel. Un objeto se encontraba en el estrecho camino de la terraza, y otro se conseguía durante la primera visita, al subir por los riscos, desde un punto que se veía desde el noroeste. Al activar el tercer símbolo del Refugio Oni, se revelaba una nota aún más enigmática, la de Genma: Daidara.
Los secretos dispersos del Este de Kioto

El recorrido no se detenía, sino que se expandía hacia el Este de Kioto, una región más dispersa y antigua. Allí, junto al Templo Rokudo chinnoji, el primer objeto yacía en el norte, custodiado por la piedra y el tiempo. Otro tesoro se halló en la esquina noroeste del edificio más occidental, al norte del espejo Río Kamo. Pero el verdadero enigma se revelaba al usar el símbolo del puente del Río Kamo, revelando un Espejo de resurrección.
Más allá, en una callejuela que se extendía hacia el oeste-suroeste de Rokudo chinnoji, al este de una grieta que debía sellarse en Kioto, aparecía otro objeto. Y cuando el peregrino usaba el símbolo de esa grieta oeste, se revelaba una nota con el nombre de Genma: Kubi Akari. El secreto continuaba en el norte de Rokudo-chinnoji, donde un símbolo hacía surgir un objeto que mencionaba a Genma: Togemaru. En el mismo patio, solo con entrar en el edificio del norte, el séptimo objeto se hacía visible.
El camino era un laberinto de pequeños hallazgos. Un objeto del noveno lugar se encontraba en un patio, al norte-nordeste, cargado con Tamahagane. El décimo tesoro surgió de activar un símbolo Oni, trayendo consigo Hozuki secas. Siguiendo la progresión, un símbolo al sureste develó la nota de Genma: Byakue, mientras que el duodécimo objeto se escondía en la esquina suroeste, en la zona nordeste. Bajo la Pagoda de Yasaka, un pequeño recoveco revelaba el decimotercer objeto. La jornada se tornaba exigente, pues el decimocuarto hallazgo estaba en la zona sudeste, requiriendo descender y luego ascender por un pequeño recinto. El decimopinto, al oeste-noroeste, reposaba en un pequeño patio rodeado de paneles de madera. Y en un callejón, al sur-sudeste, se encontraba el decimosexto objeto.
El corazón antiguo y la vía de la masacre
Los secretos siguieron su rastro a través de santuarios más íntimos. Al activar el símbolo del templo de Yorimasa, aparecía una nota de Genma: Rasho gan. Luego, al activar el símbolo de la esquina noroeste, junto al cauce del río, se hallaron más Hozuki secas. El decimonoveno objeto esperaba en el sudeste del Templo Antiguo, una entrega condicionada al progreso de la historia. El veinteavo, un objeto que se abría obligatoriamente al remendar la bolsa, contenía la Tela Oni.
La ruta se extendía hacia los campos y los complejos de viviendas. El vigesimoprimero objeto estaba en el centro de los campos al sureste de Rokudo-chinnoji, mientras que el vigesecundo se hallaba en el patio adyacente, una vez rota la barrera de miasma al norte. Allí, al usar el símbolo #11, se conseguía la Tela Oni (Regeneración). Justo al lado, el viges cuartavo objeto ofrecía una Hozuki dorada. La esquina noroeste de Kennin-ji custodiaba el vigésimo quinto.
Más allá, en Toribeno, el vigesecos objeto se ocultaba detrás de una cabaña, en el desfiladero inferior. Y con el símbolo de la zona de Dohatsu-ten, aparecía la nota de Genma: Dohatsu-ten. Al salir de Toribeno, en el comienzo de la Masacre en el puente, se halló el viguesocho. Y en la zona más al noroeste, al otro lado del río, el vigonoveno tesoro esperaba tras una pared, en la esquina suroeste de la isla. Los secretos se multiplicaban; en esa misma zona, en los callejones, el trigésimo objeto se ocultaba rodeando los edificios.
Del Palacio a los montes escarpados

La búsqueda de objetos se encontraba ahora en los grandes templos y complejos señoriales de la región. En una de las tiendas, en la zona más al noroeste, reposaba la Piedra Oni. Al usar el símbolo Oni del Templo Antiguo, se revelaba la nota de Genma: Kogai. Y al activar el símbolo #15, el objeto se hacía presente en lo alto de la torre de vigilancia al suroeste.
En el tranquilo complejo de una villa en el suroeste de Kioto, un pequeño edificio custodiaba el trigésimo cuarto objeto. Y en el templo de la calle, al este del espejo Calle Gojo – oeste, se hallaba el trigésimo quinto. El viaje se deslizaba hacia los bambúes, en el sudeste de Kioto, entre el complejo de la esquina suroeste. El trigésimo sexto objeto era silencioso, escondido entre los bambúes.
Luego, en los campos suroeste, bajo el espejo Calle Gojo – oeste, se encontraba el trigésimo siete. El trigésimo ocho se hallaba en la esquina noroeste, al extremo norte, de los edificios al suroeste de Calle Gojo – oeste. Y en un patio al sur de aquel complejo de casas, el trigésimo nueve objeto aguardaba, accesible por la puerta norte.
La ruta obligaba a entrar en un almacén al sur del cruce al oeste de Calle Gojo – oeste, donde el cuadragésimo objeto se obtenía al despejar una barrera. Al usar el símbolo de la esquina suroeste de Kioto, el cuadragésimo primer objeto ofrecía una Tela Oni (agresor). Más allá, al usar el símbolo del embarcadero suroeste, aparecía otro Espejo de resurrección. El cuadragésimo tres, con su símbolo en el puente, guardaba notas de Genma: Benkei.
La eternidad y la culminación del misterio
La leyenda nos lleva entonces a los límites más oscuros. El cuadragésimo cuatro se hallaba en la playa al norte del puente del suroeste de Kioto, solo visible después de adentrarse en Entre las sombras. El cuadragésimo cinco, en la esquina sudeste del mapa, requería romper las grietas de Entre las sombras para revelar la Flauta del Ave de Fuego. El cuadragésimo seis, en el Encuentros del destino – Tesoro oculto 1, guardaba Tela de seda fina y dos Piedras Oni.
El cuadragésimo siete esperaba en el patio de la Pagoda de Yasaka, pero solo si la misión de los Vecinos alborotadores se cumplía. Ascendiendo desde aquel lugar, el cuadragésimo ocho se encontraba en la parte superior del recinto, con dos Piedras de poder. Y en el Tesoro oculto 2, el cuadragésimo nueve tesoro contenía más seda y una Piedra Oni.
La progresión se acercaba al centro sagrado de la ciudad. El cincuenta objeto se encontraba en el banco de arena, en la zona más al noroeste de Kioto, tras la danza de Okuni y el cruce de la barrera de corrupción. El cincuenta y uno se desviaba al oeste, detrás del escenario. Y desde allí, en lo alto de la torre de vigilancia al noroeste del banco de arena, el cincuenta y dos era accesible.
El camino se bifurcaba, guiando al buscador hacia el este. Tras cruzar el río, se subía al tejado de un edificio y se adentraba en un patio oriental. Allí, el cincuenta y tres se encontraba al atravesar la casa tras eliminar a los enemigos. Al activar el símbolo al suroeste del cofre anterior, el cincuenta y cuatro contenía una Tela Oni (resistencia). El cincuenta y cinco se hallaba en la primera planta de una tienda, y el cincuenta y seis, en un patio abierto al sureste del puente de la calle Shijo. El cincuenta y siete se encontraba tras un patio cerrado, accesible por una escalera de mano. Finalmente, el cincuenta y ocho, en el sudeste de la calle Shijo, vigilaba un callejón al final del camino. El cincuenta y nueve se escondía en una calleja en el lado norte de la zona verde de Higashioji.
Los destinos perdidos: Monte Oe, Taller Subterráneo y Arashiyama
En el Santuario Yasaka, un complejo de escaleras de mano conducía al sesenta objeto, escondido en un tejadillo. Al norte, en la esquina nordeste de la región, el sesenta y uno se ubicaba en la zona de Lady Murasaki. Y en un templo con un par de símbolos Oni, el sesenta y dos era hallado. Al usar el símbolo #22, aparecía la Tela Oni (despertar), el sesenta y tres. Los tesoros de los Encuentros del destino – Tesoro oculto 3, traían Tela de seda y dos Piedras de poder, junto con el sesenta y cuatro.
La progresión continuó con el sesenta y cinco, al activar el símbolo, que guardaba otro Espejo de resurrección. Y en el Tesoro oculto 4, el sesenta y seis reunía Tela, dos Piedras de poder y Tamahagane. El sesenta y siete esperaba en el sur del barrio al este de Calle Shijo, y el sesenta y ocho, al suroeste del Santuario Yasaka. Por último, al activar la entrada sur del Santuario Yasaka, el sesentinueve objeto se hacía presente con Hozuki secas.
Pero la leyenda era vasta, y los secretos se extendían a más allá de la ciudad. En el Taller Subterráneo, en el Nivel subterráneo 3, se revelaba un primer objeto en el pasillo oeste. Otro objeto se hallaba junto a una palanca que detenía un artilugio en la sala de la máscara. El símbolo Oni del sudeste traía la nota de Genma: Chijiko. Al abandonar el foso en el Nivel 4, el cuarto objeto ofrecía los Rompetierras, un nuevo Armamento Oni. El taller de Doky entregaba un quinto objeto con la nota de Genma: Kogashira.
En el Palacio Imperial de Kioto, el primer objeto se encontraba en un desvío al sureste, y el segundo al activar el símbolo del Gran Nue, con su nota de Genma: Gran Nue. En el Castillo de Nijo, un símbolo del Nue traía la nota de Genma: Nue.
Los pasos nos llevaron finalmente a las regiones montañosas y al valle oriental. En el Monte Oe, el primer símbolo ofrecía la nota de Genma: Oboro Garasu. El segundo, la de Hirehime. El tercero requería mover cajas en un área en ruinas. Y en la cueva al oeste del Patio del castillo, yacía El Vacío Cegador. El quinto objeto se encontraba en el tejedor del patio del castillo, y el sexto, en la pendiente donde se tiraban troncos en el Arroyo de la montaña Futasegawa. En las mazmorras, el séptimo objeto se encontraba en la sala del miasma. El octavo tesoro guardaba un espejo espiritual. Y el noveno, al activar el símbolo del patio, revelaba la nota de Genma: Shuten Doji.
Finalmente, el viaje se completaba en Arashiyama. Allí, el primer objeto brillaba a plena vista. El segundo, en la parte noroeste del atajo Oni. El tercer objeto se escondía en un recoveco del Pantano. El cuarto, junto a un espejo, en el norte del Pantano. El quinto requería cruzar una nube de miasma. El sexto, al oeste de la puerta del cañón, guardaba un tesoro silencioso. El séptimo, detrás de una casa, en la zona de miasma. El octavo, al usar el símbolo del segundo cañón, revelaba la nota de Genma: Mohja. El noveno, en la esquina sudeste de la aldea del Desfiladero Hozukyo. El décimo, en una plaza al noroeste de ese mismo desfiladero. Y al activar el símbolo de Horin-ji, se hallaba la nota de Genma: Dokyo.
Y así, bajo el manto antiguo de Kioto, se completaba la travesía de los secretos. Los tesoros ocultos del Río Maroni eran más que objetos; eran fragmentos de la propia historia, guardados celosamente por las piedras, los templos y el profundo silencio de aquellos lugares donde el mito y la realidad se fundían sin distinción.
